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5. El crack Mario Agudelo Pérez

Capítulo 5

EL CRACK MARIO AGUDELO PEREZ

 

por José Saúl Velásquez Restrepo


Cuando se cumplieron cincuenta años de la fundación del Liceo Nacional Marco Fidel Suárez, otorgaron gran cantidad de condecoraciones a quienes escogieron como los mejores bachilleres de la historia de esa prestigiosa institución. Premiaron  a personalidades de grandes logros, pero entre otros, se olvidaron de uno de los bachilleres más queridos y admirado por todos los estamentos del fútbol colombiano, nuestro deporte de mayor popularidad, actividad en la que dictó cátedra como persona de bien, caballerosidad, respeto, tolerancia, gallardía y patriotismo, cualidades que lo hicieron más grande como futbolista, ampliamente reconocido por todos como un auténtico crack. Me refiero a Mario Agudelo Pérez, quien a todos sus amigos trataba con su inmensa capacidad de amar y don de gentes.

Como futbolista brilló con luz propia desde muy temprana edad en medio de una familia integrada por personas con muchos valores humanos, los que le inculcaron desde niño y lo catapultaron a su muy merecida fama en un deporte de mucha dimensión social.

Desde los más humildes estratos hasta los más encopetados en las lides del fútbol, se jactaban saludándolo y presentándose como sus amigos. Así nos hacía sentir a todos los que buscábamos su amistad, anteponiendo sentimientos de admiración por su talento y maestría para dominar un balón tanto como por su comportamiento ejemplar, digno de imitar, ahora que la violencia invade los campos de fútbol.



¿Cuántas tarjetas amarillas y rojas se sacan en una fecha de fútbol profesional iniciándose ahí mismo la violencia? Mario no supo que era eso, no ejercía ningún tipo de maltrato y siempre acató respetuosamente las decisiones de los técnicos y los fallos de los árbitros.

No quiero entrar en el terreno futbolístico, ampliamente comentado por los especialistas, pero voy a recordar unas anécdotas que complementen esas opiniones, iniciando por una que me comentó Dn Alex Gorayev (q.e.p.d.): "Mario, vos pesas sesenta kilos, no pateas duro con la derecha ni con la izquierda, no cabeceas, no le das una patada a nadie, no corres: ¿cómo haces para jugar tan bien?"

-Turrón Álvarez, el maestro de los cracks,  me dijo un día después del clásico que jugó para el Medellín enfrentando a Mario que actuaba  para el Nacional, partido  en el cual anotó un golazo en el último minuto para lograr el empate: “Saúl uno cree que Mario no se mueve y  lo encuentra en todas partes “(a Mario le tocó marcarlo en esa ocasión).

En sus primeros partidos como futbolista profesional, entrevistaron al profesor Hugo Gallego y lo comparaban con Mario, a lo que respondió: “para mí es un placer verlo jugar”. En uno de sus libros, Fútbol y Sociedad, lo califica como el mejor mediocampista  en toda la historia futbolística de Colombia, “ver jugar a Mario era un deleite para los ojos y un descanso para el alma”.

-El Dr. Gabriel Ochoa me dijo que Mario tenía pulmones de ballena.

-Oscar López, en mi opinión, el más grande de los defensores de Colombia en todos los tiempos (q.e.p.d.) me decía: “como yo sabía que tenía a Mario respaldándome,  me iba sin preocuparme y hacía la que después aprendió Passarela”.

El famoso periodista deportivo, Dn Carlos Serna (q.e.p.d.) lo llamaba el Beethoven del fútbol.

En un partido jugado en el Atanasio Girardot, con una cancha que parecía una piscina, Mario levantaba el balón con mucha elegancia y hacia los pases con gran precisión como ninguno otro de los jugadores, deslumbrando a los asistentes y en Bogotá, estuvo a punto de salir limpio en una cancha en pésimas condiciones, cuando el resto de los futbolistas se embarró. Intencionalmente, uno de los contrarios lo ensució por pura envidia, ante el rechazo de los espectadores.

Como futbolista profesional tuvo el honor de representar a Colombia en varias oportunidades. Actuó en el Atlético Nacional, Deportivo Independiente  Medellín, Deportivo Cali, conquistando cuatro campeonatos y figuraciones destacadas en la Copa Libertadores. Posteriormente en  Atlético Quindío y Cúcuta Deportivo. Contrasta su grandeza como ser humano y futbolista con el abuso de esos clubes que no lo afiliaron al sistema de seguridad social y que además brillaron por su ausencia en los últimos días de su vida, pasados muy dignamente, rodeado de familiares y amigos cercanos con todas las atenciones posibles para un ser humano. Que se sepa, tampoco se les ha ocurrido un homenaje póstumo, tan llamados a cambiar por honores en vida.

Bien vale la pena que la dirigencia colombiana y muy especialmente, la antioqueña, tenga presente ese nombre para un merecido reconocimiento que repare el grave error histórico de no haberlo hecho en vida.



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